sábado, 14 de febrero de 2009

Histeria, ¿por qué será?

Ante todo quiero defenderme de aquellas acusaciones de histeria, y por sobre todo de la carga negativa que se ha impuesto sobre esa cualidad.

Se trata de Gonzalo, de Guille, de Nico, de Pablito y de no sé cuantos otros más. Pues uno sólo ocupa mis entrañas hasta estos días y aunque le he prometido estar con otros me muero y vuelvo a renacer sólo en su mono ambiente. Y no vaya a compararme usted con Luz o que mierda…
Ya sabe que no me interesa ser su amiga, me he cansado de decírselo… pero también de insistirle en que me abrace hasta alcanzarme. Si, se trata de los kilómetros de rosario a La Plata, o de los que hay hasta Mar del Plata (y ni hablar hasta Colombia), de los conflictos económicos o de su pasividad. Pues ante tanta intensidad me veo frente a hombres con pocas agallas para reafirmar ciertos asuntos, no hablo sólo de usted… no se preocupe.
¡Qué pocas ganas me dan! Y no nos pongamos a hablar de mi belleza, de lo interesantísima que soy o del egocentrismo que me rodea… Si es por razones ya tendría a esta altura que ser lesbiana y no va que no…
Mientras tanto Nico me pregunta por el rosarino, Pablito por Nico, Guille por Gonzalo… y él, tan mierda y con tanta alevosía, me remarca con esa maldita seguridad que es él, que no hay nadie más… aunque intente negárselo mil veces.
Sin embargo allí están los demás… en cierto lugar de privilegiados, reemplazantes naturales en ciertos momentos, a los que recurro hasta el cansancio. Ahí es cuando puedo llegar a admitir cierta culpa, cierto error, pero absténgase de reproches, ya que las relaciones se construyen y se destruyen de a dos.
Y en el fondo quizá se trate de simples inseguridades, de no estar dispuesta a enfrentar ciertos momentos con mi propia consciencia, de no admitir que me he equivocado, que he hecho las cosas mal, que siempre me embarque en empresas destinadas al fracaso.
No he soportado tu rechazo y por momentos me molesta y no soy capaz de tolerar el simple hecho de que no estés acá abrazándome, que no te mueras por estar acá…